miércoles, 12 de febrero de 2014

Pedí ser eterno en letras y mi deseo se cumplió. Pero se cumplió de la forma más vil y canalla, me apuñalaron por la espalda,  mientras tan confiado ya la había hecho eterna.
Me culparon de todo lo que no se puede culpar a alguien cuando quiere y desea a alguien.
Me culparon de inoportuno porque la vida de mierda le dio por cruzarme junto a ella.
Me culparon de Dios porque le di las estrellas para que el oscuro camino de sus ojos alumbrara y se terminaran las penumbras.
Me culparon de creer en lo imposible, por darle alas a lo que nacía entre nosotros, todo eso que no quiso ver.

Pero ahora yo te culpo a ti.

Cruzaste la línea en la que puedo desprenderme de todo tan rápido, y dar tanto por nada.
Te culpo de masoquista por andar detrás de todo lo que te perjudica, te daña, destroza tu alma.
Te culpo además de  convertir cada estrella en meteorito e incendiarlo con la gravedad de tus manos.
Te culpo de ahogarme en cada tonada que sonaba con el suave movimiento de tus dedos.
Te culpo de aliarte con mis peores enemigos, la noche y la Luna, atormentándome noche a noche.
Te culpo y por lo que te aún más te culpo es por abrazar mis soledades, por acercarte paso a paso a mis labios recitando cada nota que escribo para ti, para luego escupirlo, pisotearlo y dañarlo.






lunes, 3 de febrero de 2014

Cúlpame.

Te dejaré de culpar por mis acciones el día que tú me culpes de todo.

Cúlpame de quererte sin medida alguna.
Cúlpame de perderme en el camino de tus oscuros ojos.
Cúlpame de cegarme con tu brillante sonrisa.
Cúlpame de viajar en cada beso a los manantiales más espléndidos.
Cúlpame de sentirme feliz cada vez que dibujas una sonrisa cuando estás junto a mí.
Pero de lo que realmente quiero que algún día me culpes, es de que te pierdas en el tiempo junto a mí.

Cúlpame de todo.